Mirar la pintura de Luís Soares es embarcarse en un viaje cuyo único curso aparentemente laberíntico el pintor traza previamente con firmeza en la suave superficie del papel o del lienzo que se convierte en un portolano para un antiguo marinero.
Y se avanza por paisajes misteriosos donde la realidad se intuye más allá de la máscara, donde el acontecer se despliega en gestos captados de ritos perdidos, el entramado resultante es la vida, los ojos asombrados de los personajes intemporales siguen siendo los nuestros.
El antes y el después se encierran en este precario horizonte hecho de surcos y colores que nos tranquilizan, sin embargo, el conjunto tiene la lectura de una Armonía de las Esferas, es música, es el sueño, o sólo el encanto de mirar sobre la pared blanca el cuadro de Luís Soares.

